sábado, 25 de abril de 2015

Tareas domesticas II

¿Qué tareas domésticas puede hacer mi hijo?

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Tu hijo es capaz de hacer muchas más cosas de las que crees. Tan solo necesita oportunidad para hacerlo y que tú creas en él. Y, por supuesto, que valores lo que hace bien y que le permitas equivocarse de tanto en tanto para que pueda aprender de sus errores.

A continuación te ofrecemos un breve listado de tareas que tus hijos pueden hacer desde que son muy pequeños. No los subestimes: ellos son capaces de hacer cualquier cosa adaptada a su edad madurativa. El obstáculo somos a veces los padres que preferimos acabar rápido, haciendo nosotros mismos las cosas o pensando erróneamente que no tienen edad o capacidad de hacerlas.

Para niños de 2 a 3 años:
Apilar los periódicos viejos para reciclar
Regar las plantas
Comer sin demasiada ayuda
Vestirse y desvestirse con ayuda
Recoger los juguetes y guardarlos
Poner los vasos y platos de plástico en la mesa, junto con las servilletas
Retirar su plato de la mesa y dejarlo en el mostrador
Guardar y sacar alimentos de los cajones inferiores de la cocina
Lavarse los dientes con repaso de un adulto

Para niños de 4 a 5 años:
Ayudar en el supermercado cogiendo los alimentos de los estantes más bajos
Dar de comer a la mascota
Colocar las sillas correctamente después de terminar de comer
Clasificar los cubiertos limpios en el cajón
Poner y quitar la mesa
Ayudar a recoger las hojas del jardín y a regar las plantas
Ayudar a quitar el polvo
Poner su plato en el fregaplatos
Poner mantequilla en su bocadillo
Reponer el papel higiénico de los lavabos

Para niños de 6-7 años:
Ayudar a hacer la lista de la compra y a comprar en el supermercado
Hacer un bocadillo sencillo con mantequilla y embutido
Ayudar a llenar el fregaplatos
Tirar su ropa a lavar
Limpiarse los zapatos
Ayudar a hacer la lista de la compra
Contestar al teléfono correctamente
Asearse correctamente (lavarse la cara, peinarse…)
Mantener la mesa de su cuarto ordenada
Preparar su ropa del día siguiente
Escribir la lista de la compra

Para niños de 8-9 años:
Hacer su cama con alguna dificultad
Preparar el bocadillo del colegio sin ayuda
Ayudar a pasar la aspiradora, barrer y fregar el suelo
Clasificar la ropa sucia en dos montones: color y blanca
Guardar la ropa limpia en el armario
Sacar la basura
Ayudar a lavar el coche
Atarse los zapatos con cordones
Lavarse los dientes sin ayuda y eficazmente
Arrancar las malas hierbas del jardín
Prepararse el día anterior el equipo de deporte y la mochila sin recordatorios
Cepillarse los zapatos al llegar del colegio

Para niños de 10-11 años:
Ducharse sin ayuda
Mantener el armario y cajones ordenados
Hacer los deberes sin ningún recordatorio
Dar de comer a un hermano pequeño
Llenar el fregaplatos colocando cada cosa con criterio de eficacia
Poner en marcha el fregaplatos, lavadora o secadora
Controlar sus propias citas: dentista, oculista, fútbol, natación.
Organizar su propio cumpleaños: llamar a los amigos por teléfono, participar en la preparación de la merienda.
Cambiar las toallas sucias por las limpias
Recoger el correo

Para niños de 12-13 años:
Hacer la cama perfectamente
Organizar con ayuda su horario de estudio
Servir en la comida al resto de la familia
Coger trasportes públicos sin compañía
Hacer determinados recados para la familia: comprar el pan, el periódico, la fruta.
Ser responsables de sus propias aficiones: raqueta de tenis, pinturas, balón de fútbol, libros.
Controlar los libros que presta a otros amigos y hacer seguimiento
Ayudar a vestir y desvestir a sus hermanos y acostarlos
Bañar a un hermano pequeño
Ayudar a los padres en las pequeñas tareas de reparación de la casa
Recoger y limpiar la cocina
Tender la ropa o sacar la ropa de la secadora y doblar lo que no necesite plancharse
Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos


Tareas domesticas

Los hijos y las tareas domésticas
Con lo fácil que era antes, ni siquiera tenías que pedírselo: en cuanto tu pequeño te veía con el trapo en la mano corría a ayudarte, y es que le encantaba imitarte. Ahora se le ocurren mil cosas mejores antes que sacar los platos del lavavajillas. Imitar ciertas conductas ya no tiene aliciente, sin embargo, ahora puedes convencerle de otras maneras: tu hijo ha madurado mucho en su capacidad de reflexión y comprensión.

Es importante que tu hijo colabore en las tareas domésticas, no sólo porque os descargue de algo de trabajo sino, sobre todo, porque es bueno para su desarrollo psicosocial. Si quieres que el día de mañana sea una persona más responsable, debe empezar por responsabilizarse de sus pequeñas obligaciones en la casa. Es frecuente oír a muchas familias que sus hijos adolescentes no contribuyen nada en los trabajos domésticos. Pero también es frecuente oír, cuando los niños todavía son pequeños, “ya le tocará hacerlo cuando sea mayor” y ver cómo sus padres hacen todas las tareas sin exigirles nada.

Si un niño nunca ha tenido que colaborar en casa, no se puede pretender que con 13 años empiece a hacerlo de forma espontánea. La colaboración y el sentido de la obligación es algo que hay que fomentar desde que son pequeñitos.

Cómo contribuye a su desarrollo personal

Responsabilidad: Al depender de ellos ciertos aspectos del buen funcionamiento de la casa su sentido de la responsabilidad aumenta.
Independencia: Al no darles todo hecho estamos contribuyendo a que maduren y sean más autónomos.
Autoestima: Ver que en casa se les confían trabajos que contribuyen al bienestar de toda la familia puede ser muy gratificante, incluso aunque suponga un esfuerzo.
Adaptación social: Adquirir cierto compromiso con las tareas del hogar cuando aún son pequeños les ayudará más tarde a incorporarse a una sociedad en la que hay que trabajar, tanto fuera como dentro del hogar.
Valoración del trabajo: Al aportar su granito de arena comprenden mejor el esfuerzo y la importancia del trabajo de los demás.
Cooperación: En el hogar se pueden aprender muy bien las ventajas de colaborar; trabajando todos en equipo las cosas salen mejor y se terminan antes.
Cómo hacer para que colabore

Razonar, negociar y motivar son las estrategias claves para conseguir que tu hijo colabore en las obligaciones domésticas.
Explícale por qué debe ayudaros, hazle ver las ventajas de que participe en los trabajos de casa. Por ejemplo, si te ayuda a guardar la ropa en los armarios, terminaréis antes y podrás jugar con él a lo que quiera. Ésta es también una forma de motivarle; colaborando entre todos las obligaciones se resuelven más rápido y hay más tiempo para dedicar a actividades familiares de ocio.

Vuestra actitud cuenta muchísimo:

Cuando le pidas algo, déjale un tiempo razonable para cumplirlo.
Si está enfrascado en una actividad, espera a que la termine. Así verá que respetas sus intereses y no estará tan inclinado a rebelarse contra tu petición.
Valora sus intentos y su buena disposición más que sus resultados. Si no ha dejado la habitación tan limpia como esperabas pero lo ha intentado felicítale por ello.
Deja que solucione él solo las pequeñas dificultades que se le presenten. Si haces las cosas por él por que a ti te salen mejor terminará por pensar: “para que voy a esforzarme si ya hay quien lo hace por mí”.
  En casa no se debe hablar de las tareas domésticas como algo desagradable pues podrían ser interpretadas como una forma de castigo.
¿Se deben recompensar las tareas domésticas?

Colaborar es una regla de convivencia. Todos los miembros de una familia deben contribuir al buen funcionamiento del hogar. Hay muchas cosas que los hijos pueden hacer sin que deban por ello esperar más que el respeto y el cariño de sus padres. Encargarse de sus propias cosas debe ser la principal tarea doméstica de cualquier hijo como hacer la cama y mantener el cuarto ordenado. Pero hay otras muchas cosas en las que puede colaborar en función de su edad como regar las plantas, poner y recoger la mesa, limpiar, sacar la basura, participar en la compra y en la cocina, etc.

Siempre hay que tener en cuenta las circunstancias, nunca debemos olvidar que su principal obligación son las tareas escolares y son a las que debe dedicar verdadera atención. Y debemos tener en cuenta que los niños necesitan tiempo para jugar. A veces los padres interpretan las actividades extraescolares como tiempo de ocio mientras que para el niño son auténticas obligaciones.
Es fundamental que las tareas domésticas se compensen en su justa medida con las obligaciones escolares y extraescolares dejando un amplio margen de tiempo libre y puramente lúdico para que el niño lo dedique a sus aficiones.

Aunque ayudar en casa sea una responsabilidad más, existen excepciones en las que se puede recompensar, por ejemplo, cuando se le pide un trabajo especial como pintar la valla del jardín. De esta forma se incentiva su trabajo y se le demuestra que también sabemos valorar cuándo está haciendo un esfuerzo extra.

¿Quién hace qué en casa?

El hogar es hoy por hoy el principal foco de aprendizaje de los estereotipos. Las cosas están cambiando pero todavía existen los roles masculino y femenino en cuanto a las tareas que cada uno debe desempeñar en el hogar. Para no contribuir más al concepto erróneo de “tareas de niño – tareas de niña” hay que educarles desde el principio en la igualdad, a través de dos caminos:

Lo que ven: tanto mamá como papá deben participar en las tareas domésticas.
Lo que hacen: las diferentes obligaciones de los hijos deben estar en función de factores como la edad o la capacidad, pero no el sexo. Si siempre pides a tu hija que te ayude en la cocina, su hermano no sólo no aprenderá a hacerlo sino que terminará viéndolo como una obligación inherente al sexo femenino y, por tanto, de la que él está excluido.
Esther García Schmah
Pedagoga


miércoles, 22 de abril de 2015

Seres especiales

A lo largo de nuestra vida, algunos, tenemos la oportunidad  de encontrar seres especiales, seres que pudiendo parecer insignificantes, son grandes, sabios, hermosos; seres que llenan de luz cualquier obscuridad tan solo con su  presencia. 
Son seres que aparecen en nuestra vida como estrellas fugaces, seres destinados a enseñarnos a amar, a valorar, a comprender el verdadero sentido de la palabra felicidad, te enseñan a disfrutar de cada día, de cada segundo... seres valientes que hacen de su existencia una lucha constante para robar a la muerte cualquier instante con el que poder enseñarnos una nueva lección de vida.
Yo tuve la fortuna de conocer a algunos de esos seres, fue breve, mucho mas de lo que hubiese deseado, pero suficiente para aprender varias de esas lecciones.
 Los encontré en uno de esos jardines donde las libélulas mueven sus alas, haciendo sonar un dulce silbido para captar la atención de alguna que otra tortuguita, que con una enorme sonrisa camina alegremente sin pensar mas que en la libertad.
Como he dicho antes, son seres especiales, tan especiales como  el mundo que les rodea, nacidos del amor y alimentados entre risas y llantos con toda la fuerza que una madre puede trasmitir a sus hijos, madres luchadoras que no admiten un no por respuesta,  madres para las que cada nuevo día es un regalo; que observan  a esos seres incansablemente,  grabando a fuego cada imagen  en sus retinas para que jamas puedan borrarse. Madres que transforman los segundos en minutos, conscientes de que en cualquier momento, Dios puede reclamar lo que es suyo y dejarlas con un vacío tan grande, que tan solo los recuerdos vividos podrán llenar con el tiempo.
A  todos esos seres me gustaría desearles que allá en el cielo encuentren ese lugar privilegiado que les pertenece y a todas esas madres, les queria agradecer con todo mi cariño y admiración que nos hayan permitido aprender tanto de ellas como de esos maravillosos seres que son sus hijos. Gracias.
Lola Mateos M.

domingo, 22 de marzo de 2015

La mejor terapia

TEA: ¿cuál es la mejor terapia para tu hijo/a?

Cuando un niño/a es diagnosticado con Trastorno del Espectro Autista (en adelante TEA), ocurren diferentes cosas dentro de una familia, de todas ellas, la más importante es el proceso de aceptación y acomodación a una situación inesperada y desconocida por la que los familiares, sobretodo los padres deberán pasar, y en este proceso tan intenso todos se podrán en marcha para encontrar la terapia perfecta.

¿Y cuál es la terapia perfecta para niños con TEA? La respuesta es muy sencilla y fácil:

“La mejor terapia es aquella que consiga resultados visibles en el niño/a y su familia resultando a su vez motivadora y gratificante para el niño/a”
Cuando unos padres llevan a cualquier terapia a sus hijos/as, tienen unas expectativas sobre dicha terapia, esto quiere decir que hay algo que quieren lograr, bien en su beneficio como unidad familiar o bien para beneficio del niño. Pongamos un ejemplo; unos padres quieren que su hijo aprenda a pronunciar correctamente, en este caso un logopeda podría ayudar a esos padres a conseguir su objetivo.

¿Que ocurre en el caso de los padres de niños/as con TEA?

Cuando estos padres buscan terapia muchas veces ocurre que no está presente el objetivo a conseguir. Esto sucede porque el TEA es un trastorno muy complejo de entender que abarca un abanico muy amplio de dificultades en diferentes áreas del desarrollo. Por lo tanto a veces cuesta ver los resultados de dicha terapia porque no saben donde está el logro. Que ocurra esto es algo muy corriente, entre otras cosas porque los propios especialistas solemos dividir al niño/a en compartimentos como si de una sección del Ikea se tratara: para la comunicación el logopeda, para tratar aspectos sensoriales el terapeuta ocupacional, para la adquisición de aprendizajes el maestro, un psicólogo para trabajar teoría de la mente, ¡ah!, y no olvidemos al fisioterapeuta y así un sin fin de “compartimentos” que parece que nunca llegan a cubrirse.

tea estrés parentalLlevar a un niño/ a diferentes terapias no es bueno ni malo. No está bien ni mal. Simplemente a veces NO es necesario. Y ¿cuando NO es necesario? En primer lugar cuando no sea funcional, es decir que sirva realmente para su vida y en segundo lugar cuando repercuta negativamente en la calidad de vida familiar. Muchos padres gastan gran cantidad de su tiempo en llevar y recoger a su hijo/a de diferentes lugares compaginándolo con el trabajo y las tareas del hogar. Misión imposible. Pero ahí están ellos esforzándose porque su hijo/a reciba las mejores terapias a costa de su propia salud y bienestar emocional. Cuando esto ocurre la terapia NO está funcionando.

El niño/a depende directamente de su familia y ésta a su vez es la principal impulsora de su desarrollo a lo largo de su ciclo vital. Si una familia sufre estrés, su hijo lo sufrirá también, si una madre o un padre no son felices, su hijo/a no lo será tampoco. Diferentes estudios a lo largo de los años muestran la importancia que tiene la repercusión del estrés parental en los bebés y por tanto en su posterior desarrollo intelectual y emocional.

Comentaba al inicio del artículo que la mejor terapia para niños/a con TEA era por un lado, aquella que consiga resultados visibles en la familia y/o en el niño/a. Esto es facilmente observable a las pocas semanas de haber empezado la terapia, no esperes a ver resultados milagrosos que llegarán a largo plazo, si hay resultados debes ver los cambios en el día a día de tu hijo/a; en casa, en el parque, en el colegio….si esto no ocurre esta terapia NO es necesaria. Es cierto que muchas veces llegar al objetivo es cuestión de constancia y esfuerzo pero siempre se van apreciando cambios que van en dicha dirección. Que un niño/a en una sesión con su maestro, logopeda o psicólogo haga un puzzle de 20 piezas, o reconozca el abecedario o los números del 1 al 10 pero en su casa no pueda abrocharse el pantalón sin ayuda o no sea capaz de pedir aquello que desea, es un signo claro de que esa terapia NO es funcional y por tanto NO es necesaria.

La otra característica que debe tener una terapia es que resulte gratificante para el niño/a. Todos hemos sido niños y podemos recordar lo que nos fastidiaba ir a natación o a estudiar inglés. Imaginad si además tenéis una mayor dificultad para la adquisición de nuevos aprendizajes, tus periodos atencionales son más cortos e incluso que no comprendas el sentido de la actividad. Sería horrible, ¿no creéis? Por ello cuando tu hijo/a no desee asistir a terapia no lo obligues. Los estudios abalan que sin motivación, participación e interés no hay aprendizaje. La mayoría de aprendizajes adquiridos hasta los 6 años tienen lugar fuera de la escuela y en un ambiente lúdico para los más pequeños.

Si estás buscando terapia para tu hijo/a con TEA te ofrecemos algunos consejos que pueden servirte. Recuerda que no hay terapias milagrosas, del mismo modo que no hay dos niños con las mismas características. Piensa en tu hijo/a, en sus necesidades y en las tuyas.

La terapia debe ser global, que perciba al niño como un Todo sin diferenciar por partes o áreas de desarrollo con diferentes especialistas. Esto requiere de profesionales muy cualificados que trabajen en un ambiente multidisciplinar. Un especialista en TEA debe enseñar a tu hijo/a teniendo en cuenta el áreas de desarrollo emocional, perceptivo-sensorial y cognitivo conductual.
La familia tiene que ser el eje principal del programa de intervención, esto quiere decir que los padres son los que establecen los objetivos a conseguir y evalúan sus avances.
Los beneficios deben darse en el niño/a y en la familia en su conjunto.
Los aprendizajes tienen que ser funcionales, es decir, que mejore en su día a día y le sirvan para su vida adulta.
La terapia debe ofrecer formación específica para los familiares.
Si la terapia se lleva a cabo en ambientes reales y cercanos al niño y/o contextos lúdicos y divertidos para el niño los resultados serán más rápidos.
No olvides que TÚ eres quien mejor conoce a tu hijo/a, por lo tanto nadie mejor que TÚ para decidir la terapia ideal.

TEA: ¿cuál es la mejor terapia para tu hijo/a?

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Por Doble Equipo| 1 septiembre 2014|Artículos|1 comentario
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jueves, 19 de marzo de 2015

Felecidades papá

Me gustaría poder decirte felicidades, te quiero... me gustaría poder decirte tantas y tantas cosas.
Me gustaría poder mirarte a los ojos, sonreírte continuamente, acariciarte el pelo, aunque mamá diga que es una calva. Me gustaría reírme de tu barriga, quejarme de tu barba porque me pinchas, decirte cuatro ojos y que tu avatar se llama Papá Pig.
Me gustaría leerte cuentos en voz alta cuando nos vamos a la cama, rezar el Ángel de la Guarda, dormir abrazada, desearte buenas noches. Me gustaría que durmieras toda la noche, hasta la mañana, sin darte patadas, con sabanas, y con almohadas, y me gustaría que me dijeras que soy tu peluche.
Me gustaría correr por el parque y que no tuvieses miedo de que me atropeyasen, poder pedalear sin ruedines para que dejaras de golpearte, nadar tranquilamente sin tener que ir a buscar esa boya que a mi me parece un enorme huevo Kinder.

Me gustaría ir al cine sin palomitas, a Bob sponja sin Mcdonals, al teatro sin Burger King, me gustaría ir a un concierto y que saliéramos al escenario a cantar todo el repertorio. Me gustaría ir al Lope de Vega al musical del Rey León. Me gustaría poder hacer la compra sin que el seguridad parezca un personal shopper y que la gente no me mire como si fuera un extraterrestre.
Me gustaría ir de viaje sin que lo tengas que planear, montar en avión sin importarme esperar, subir a un tren sin pensar cuando va a llegar, que el asiento del coche no se mueva sin parar.... y cantar, me encantaría que cantáramos todo el trayecto; hasta el final.
Me gustaría ser la primera de la clase, poner en el facebok mis notas con sobresaliente, que se me dieran genial los deportes y mandar muy lejos  el patrón cruzado. Me gustaría ser responsable de mesa y no tener un rincón especial que me recuerde el Museo del Prado. Me gustaría jugar con mis compañeros, repartir mis galletas y presumir de mis trabajos. Levantar la mano continuamente sin tan siquiera saber para que soy voluntaria. Me gustaría poder ir al comedor, quedarme en el corralito, que me mandaran deberes. Me gustaría tanto que me dijeras mil veces como se dice ciencias en ingles.
Me gustaría......
Me gustaría poder decirte felicidades, te quiero... me gustaría poder decirte tantas y tantas cosas... pero la realidad, es que no puedo.
 Lo siento papá, pero vas a tener que cogerme la cara y buscas en lo más profundo de mi mirada la palabra te quiero. Buscala, te prometo, que la encontraras.